Bronca de la oposición porque Aranguren no supo explicar cómo se compone el aumento de gas

El ministro ratificó los tarifazos y la falta de audiencias. “Aún hay subsidios; y se pagan con inflación”, se defendió.

Juan José Aranguren expuso ante un plenario de cinco comisiones en la Cámara de Diputados, donde defendió la falta de audiencias públicas y ratificó los tarifazos, pero no supo explicar cómo las calculó y ni siquiera cuánto vale el gas en boca de pozo en las diferentes regiones del país.

“¿Cuánto se aumentó el gas en cada uno de sus eslabones: producción, transporte y distribución?”, le preguntó la massista Liliana Schwindt, presidenta de la Comisión de Derechos del Consumidor.

“Como tenemos distintas subregiones no le puedo dar exactamente el porcentaje que responde a cada uno de los eslabones de la cadena, pero me comprometo a acercarlo a su Comisión”, admitió Aranguren.

Sobre el final de una sesión que duró 10 horas, Aranguren dejó claro que espera un fallo de la Corte para ratificar el régimen tarifario de luz y gas impugnado por tribunales de todo el país.

“No le voy a hacer ninguna propuesta a Macri, porque yo no creo que esto sea un tarifazo, porque todavía la tarifa es subsidiada. Y el subsidio lo pagan todos los argentinos. ¿Sabe cómo?: Con más inflación”, le respondió al kirchnerista Edgardo Depetri, ante la insistencia en saber si la presión parlamentaria rendiría sus frutos.

Nada de eso pasará.”A mi me puso y me saca el presidente Mauricio Macri. No tengo que renunciar a absolutamente nada”, aclaró después.

El ministro llegó a las 14 tras una reunión con el bloque de diputados de Cambiemos y brindó una exposición de media hora, ayudado por un powert point. “La única vedad es la realidad”, parafraseó a Juan Domingo Perón y se lamentó por haber pasado “ de tener energía exportable, abundante y barata a escasa, importada y cara”.

Mostró como los subsidios crecieron mayormente para “los más ricos” y los residentes en la zona metropolitana, “que pagaba hasta 7 veces menos que el resto del país”. Comparó el escaso aumento de las tarifas comparado al 1400% de inflación acumulada y al índice de inflación, que creció 1.670%. Y protestó por la energía y el gas barata de la Patagonia.

Planilla de Excel en mano, aseguró que el 87% de las tarifas eléctricas no superan los 500 pesos, “un monto menor al de la televisión por cable, que el 78% de los habitantes del conurbano lo tiene”.

Exhibió una curva de crecimiento de los subsidios sobre el monto total de la energía, hasta alcanzar casi el 90% del costo a su llegada.  “Las tarifas se movieron de la forma más gradual que nos permitía la grave herencia que hemos recibido en el frente energético”, se defendió.

“Pudimos recuperar el 30% del costo de la energía, porque el 70% sigue estando subsidiado. Aún las tarifas  siguen estando en el 25 por ciento de las tarifas promedio de Chile, Brasil y Uruguay”, comparó. Y sostuvo que “Argentina no puede repetir el pasado y debe reconstruir un futuro energético justo y sustentable”.

“El Gobierno anterior que dice que invirtió tanto, dejó 39 por ciento de los hogares (4 de cada 10) sin gas de red”, cerró su presentación.

Largo debate

Coordinado por Luciano Laspina, presidente de la comisión de Presupuesto, el interrogatorio, organizado en tandas de 3 o 4 preguntas, no fue nada fácil para el ministro, quien sólo salía de escena cuando crecían las chicanas entre macristas y kirchneristas.

El más furioso de Cambiemos fue el radical Mario Negri, quien tomó la palabra dos veces para remarcar que durante el kirchnerismo la producción de energía bajó, con YPF privada o estatal. El joven Nicolás Massot se entusiasmó con encuestas que hablaban del 70% de la gente feliz por los aumentos. “Te están robando la plata, Nicolás”, lo chicaneó Marco Lavagna.

Temeroso de los abucheos, llegó escoltado por empleados y asesores que aplaudían cada vez que hablaba, mucho más que los diputados de Cambiemos. Uno de ellos era el presidente de Enargas, David Tezanos.

Schwindt tampoco logró que Aranguren hiciera un mea culpa por no haber convocado a audiencias públicas para definir los tarifazos, argumento que utilizaron la mayoría de los jueces para suspenderlos.

“El artículo 42 de la Constitución no habla de audiencias públicas sino de información veraz y adecuada”, se justificó el ministro. Sin embargo, ese apartado sí habla de “participación de las organizaciones de los consumidores”, trámite que Aranguren creyó resuelto a partir de una revisión tarifaria integral que el Gobierno anterior nunca concluyó.

“En 2014 se aumentó el gas sin audiencias”, buscó excusarse. Y citó la vigencia de la ley de emergencia económica y los decretos de 2003 para controlar las tarifas desde el Poder Ejecutivo, que en aquel entonces se pensaron para evitar subas.

Insistió que el transporte y la generación de electricidad y el precio del gas en boca de pozo, “las leyes dicen que están regidos por el mercado”, un concepto que repitió varias veces. “¿Sabe a cuanto se importa gas?: a precio de mercado”, se cruzó con Depetri en otro tramo del anochecer.

José Luis Gioja le recriminó la diferencia entre el valor de crudo de gas que declara YPF en el exterior (1.9 dólares por millón de BTU, según informó la empresa ante la SEC de New York) respecto al que se cobraba en las nuevas tarifas (que alcanzaba 5.5).

“¿Usted sabe, ministro, cuál es el costo del millón de BTU en boca de pozo?”, lo había interrogado el sanjuanino. “Hay distintos valores; distintas cuencas”, se evadió Aranguren. “¿Un promedio?”, pidió Gioja. “Me resisto a responder”, se escapó el ministro.

Varias horas después el chaqueño Juan Pedrini evocó al sanjuanino pero no encontró otra repuesta del ministro. “Hay tantos valores como pozos”, ratificó.

Gioja mostró una boleta de su provincia con una tarifa de 68 mil pesos, en un intento exagerado por mostrar que la facturación no fue la anunciada por el Gobierno. “Seguro que fue un error”, confió. Aranguren se reía.

Un rato más tarde, el neuquino Norman Martínez citó un coterráneo suyo con 16 mil pesos de sueldo y tarifas de gas por 14 mil. Más terrenal fue el caso que trajo Néstor Pitrola, del Partido Obrero. “Un empleado público de Salto gana 7000 pesos y paga 2000 de luz. ¿Le parece?”, lo increpó.

Aranguren nunca respondió a ejemplos concretos, como desentendiéndose del valor final de las facturas, una tarea que no parece tener nadie en el Gobierno.

Menos convenció el ministro cuando negó cualquier favoritismo a Shell, empresa de la que fue CEO y tiene acciones. “No hay funcionario de este Ministerio que tome una decisión particularmente vinculada con alguna empresa que ha tenido participación o fue empleado en los últimos años”, aseguró, para las primeras risas de los kirchneristas. “No nos tome por pavotes”, lo cruzó la massista Graciela Camaño.

La jefa del bloque de Frente Renovador no le achacó el negocio de regasificación con la canadiense Methanex, que había expuesto en la sesión del miércoles.

“Necesitamos producir metanol con la infraestructura que dejó Chile. Los negocios con Metanex los hicieron antes”, respondió el ministro.

Camaño no logró precisiones sobre los análisis de precios que motivaron las compras de combustible durante el año. Y ni un comentario cuando detalló aumentos de 1000% en Neuquén y 500% en Salta, muy por encima del promedio del que hablaba Aranguren.

Axel Kicillof fue aludido varias veces pero habló recién pasadas 5 horas del debate. “Este año Argentina produjo un 5% más de gas, la industria se cayó y la gente consume menos. ¿Cómo pueden decir que no tienen gas?”, preguntó.

Y se burló de no haber hecho audiencias públicas en 2014. “Hicimos aumentos y nadie se quejó porque se podía pagar”, se diferenció y adelantó que su bloque insistirá en eliminar tarifazos. Nadie lo acompañó. Aranguren ni le respondió.

La izquierda, como era de esperar, le tiró con todo.  Pitrola preguntó porqué no había una revisión de los subsidios recibidos por las empresas en la última década.

“Marcelo Midlin (dueño de Pampa Energía) compró los activos de Petrobrás, para beneficiarse de los altos precios”, lo chicaneó. “Llevaría mucho tiempo evaluar en qué se gastaron los subsidios”, se escapó Aranguren, que tampoco le había respondido a Schwindt sobre la garantía que había de que las mismas empresas concesionarias ahora sí harían inversiones.

Miriam Bregman (PTS) fue más al grano: “Quiero saber cuánto se benefició Nicolás Caputo” amigo de Mauricio Macri y accionista de Edesur. Laspina pidió un cuarto intermedio y el tema se perdió con las exposiciones que siguieron.

El camporista Martín Doñate lo acusó sin vueltas de hacer negocios. “Las acciones de Shell subieron. Usted ganó plata. Usted tiene información privilegiada respecto a los demás. Está vulnerando el artículo 308 del Código Penal”, denunció.

Aranguren pidió un cuarto intermedio de cinco minutos a las 21.30, volvió y soportó un tramo final de preguntas kirchneristas hasta las 0.30, que incluyó los ya clásicos golpes bajos del rosarino Marcos Cleri, las bravuconadas de Adrián Grana y el ataque del fueguino Oscar Martínez, furiosos por la vanalización de venta de aire acondicionados que hizo Eduardo Amadeo al comienzo de la sesión.

El ministro admitió que Bolivia no está enviando la totalidad de los 20 millones de metros cúbicos diarios de gas comprometidos por contrato, pero al igual que Tezanos, no aclaró si había un motivo. No pocos especulan que es en repuesta a sus relaciones carnales con Chile.

Ya cansado, se envalentonó al hablar de los nuevos controles a Enarsa y ya sobre la medianoche describió hasta donde había llegado el combo déficit energético-falta de dólares-default.

“Argentina importaba combustible en efectivo porque no tenía acceso al financiamiento. Y cuando había cepo cambiario no tenía dólares para pagar y a veces los barcos se quedaban esperando semanas, con un costo de 50 mil dólares diarios. Se llegaron a gastar 4 millones de dólares. En ese desastre estábamos”, dijo Aranguren.

Fuente: La Política On Line

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