Celiaquía: mejoras en el diagnóstico y en la oferta de “aptos”

Aunque existen huellas de la existencia de la celiaquía desde el siglo II AC, fue recién en 1950 que un pediatra holandés la describió como enfermedad y sembró indicios de la forma de combatirla cuando refirió la mejoría clínica de un paciente al eliminar el trigo, la avena, la cebada y el centeno.

El ABC de la celiaquía
Pero ¿qué es la celiaquía? En pocas palabras, es una enfermedad autoinmune y hereditaria que se puede desarrollar a cualquier edad como consecuencia del consumo de alimentos con gluten. La celiaquía es un desorden que afecta a 1 de cada 100 personas, y es más frecuente en mujeres que en hombres, con una proporción 2:1.  El gluten es una proteína que se puede encontrar en cereales como el trigo, la cebada, el centeno y la avena. Es responsable de la elasticidad y la consistencia esponjosa de panes y productos horneados. En la enfermedad celíaca el consumo de gluten daña el intestino delgado debido a una respuesta inmune del propio organismo que destruye las vellosidades intestinales (pequeños “dedos” que recubren el intestino delgado, cuya función es absorber los nutrientes). Cuando las vellosidades se dañan los nutrientes no pueden ser absorbidos.

Algunos síntomas típicos son la pérdida de peso y de apetito, anemia, osteoporosis, infertilidad, deficiencia de vitaminas y minerales, fatiga, náuseas, vómitos, diarrea, retraso del crecimiento, alteraciones del carácter -irritabilidad, apatía, introversión, tristeza- y dolores abdominales, entre otros.

El diagnóstico incluye tres instancias: la detección de síntomas clínicos, las pruebas de laboratorio específicas para la enfermedad y el diagnóstico de certeza que se confirma a partir de una biopsia intestinal.

Una enfermedad que mejora con cambio de hábitos
Se calcula que más de la mitad de las personas que padecen celiaquía no lo saben. La consecuencia de sufrir la enfermedad y no combatirla es la posibilidad de desarrollar, a largo plazo, anemia, osteoporosis, infertilidad, abortos espontáneos, trastornos neurológicos, baja estatura y hasta cáncer de intestino.

El tratamiento consiste simplemente en seguir una dieta libre de gluten. Es decir, excluir los alimentos con trigo, avena, centeno y cebada. Este tipo de dieta normaliza y repara la lesión intestinal.  La dieta debe concentrarse en carnes, pescados, legumbres, huevos, frutas, verduras y cereales sin gluten (por ejemplo, arroz y maíz).

A partir de la mejora del diagnóstico, hoy el porcentaje de personas que viven saludablemente con celiaquía, creció. El mercado alimentario para este nicho afortunadamente se ha multiplicado a partir de la Ley del Celíaco, que asegura el tratamiento médico para quienes padecen la enfermedad así como exige el etiquetado de los productos libres de gluten. Actualmente existen productos elaborados especialmente para personas que padecen celiaquía e incluso hay locales de comida que ofrecen comida gourmet y deliciosas joyas de pastelería.

Por eso, si sospechás que podés ser celíaco, ¡consultá con tu médico!

No hay comentarios

Dejar respuesta