Debate: ¿Se terminó el gradualismo o hay desorientación?

El jefe de gabinete quiere cerrar el verano con más anuncios de gasto público para disimular la urgencia de achicar el déficit.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, ratifica una y otra vez su apuesta por el gradualismo e insiste en que primen las pretendidas “buenas noticias” que expone al presidente a dar, como fue el caso del fallido anuncio de la baja de ganancias.

Pero el déficit fiscal es crítico y el margen económico, acotado. “La decisión del Gobierno es no ir a un camino de shock o ajuste muy grande, porque ya sabemos cómo ha terminado eso en la historia argentina y eso no nos conviene”, dijo Peña en sábado pasado en una entrevista.

Dos días antes, el titular de la AFIP, Alberto Abad, explicaba el impacto fiscal de la modificación en el impuesto a las Ganancias y se jactaba de los casi 50 mil millones de pesos que le representarían al Gobierno el recorte impositivo. “Es un número”, afirmaba ufano.

El sábado, Marcos Peña filtró a Clarín una tanda de “anuncios sociales” para que saliera en la tapa del domingo, que marcaban el fin del ajuste fuerte. El lunes, La Nación cruzó la construcción con el anuncio de la suba del gas.

Abad, insistió en esa conferencia que ese costo estaba contemplado dentro del plan de ajuste fiscal anunciado en su momento por el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, pero advertía que el tema de las escalas dependía de que los dos brazos del fisco, el gasto y la recaudación, pudieran reunirse y eso lo evaluaban en Hacienda, no en la AFIP.

La respuesta de Prat Gay no tardó en llegar y el mismo Macri salió el día siguiente a decir que las escalas no se reverían hasta 2017. A buen entendedor, pocas palabras: Prat Gay dijo que la caja no da para más y así lo que parecía una mejora para los trabajadores se convirtió en un castigo: serán los que tributen.

El sábado, Marcos Peña le dio rienda suelta una vez más al tren de la alegría y se aseguró queClarín publicara el domingo la nueva tanda de “medidas sociales” con las que busca frenar el descontento generado por la suba de las tarifas eléctricas, la inflación, los 110 mil jubilados que van a pagar Ganancias y la nueva crisis institucional del INDEC.

“El Gobierno planea terminar el verano con un paquete de medidas destinadas a mejorar la situación de los sectores menos favorecidos de la sociedad”, dice el artículo y adelanta que se vienen la quita del IVA para los productos de la canasta básica para beneficiarios de planes sociales y la ampliación de la Asignación Universal por Hijo para los monotributistas de las dos categorías más bajas.

Contradicciones

Además la nota revela que “en la Casa Rosada admiten que el clima social quedó recalentado con el aumento de las tarifas eléctricas y que no queda demasiado espacio para seguir anunciando aumentos” por lo que el aumento del boleto mínimo a $5 y la suba del gas seguirían esperando. Y, se pudo saber , tampoco vería la luz  la suba de tarifas de AySA que Rogelio Frigerio tiene cajoneada hasta nuevo aviso.

No pasaron veinticuatro horas y el ministro de Energía, Juan José Aranguren, quien tiene la responsabilidad de reducir el enorme agujero fiscal que genera el sector a su cargo, lo desdijo contestando la filtración a Clarín con otra similar, pero esta vez en La Nación: Se anunció que la suba de las tarifas de gas está casi lista y entrará en vigencia antes de que comience el invierno.

Y este lunes Macri, siguiendo la recomendación de Peña de hablar con eufemismos que no corten la buena onda, retomó la agenda del ajuste al señalar en conferencia de prensa que, de la mano del plan de modernización, se acaba el Estado como “aguantadero de la política”, es decir que piensan avanzar con una nueva ola de despidos.

“Acá el tema central no es tanto la discusión de si es un estado más grande o más chico, sino de si es un estado que funcione”, concluyó Peña en otro de sus habituales slogans que buscan eludir las definiciones concretas.

Pero la prensa insistió y el jefe de Gabinete se sinceró. Pidió “Ser conscientes de la frágil situación de la economía de nuestro país. La Argentina tiene hoy uno de los peores déficits fiscales de nuestra historia, heredado del gobierno anterior y eso nos obliga a movernos con muchísima cautela.” ¿Se viene entonces la aceleración del ajuste, tanta veces negadas?

Inconsistencias

Dante Sica, de la consultora Abeceb, opina que en el gabinete de Macri “puede haber inconsistencias en términos de comunicación, pero no veo aceleración en la reducción del déficit fiscal”.

Cualquier programa de reformas, recuerda Sica, debe cumplir tres requisitos: tolerancia social, viabilidad política y consistencia económica. En su opinión, el programa monetario es compatible con la meta de inflación “pero no le sobra nada, porque es un programa muy exigente”. A su vez, considera que “esto en principio es consistente con el programa de ajuste fiscal de llegar al 4,8 de déficit con el fin de los subsidios, que requieren financiamiento tanto de gastos corrientes como de capital por aproximadamente 2,5% del PBI”.

“Si pasa de abril sin ingresar al mercado de capitales, se le acorta al gobierno el margen de maniobra”, advierte el economista Dante Sica.

“Si pasa de abril sin ingresar al mercado de capitales, se le acorta al gobierno el margen de maniobra”, advierte el economista.

Para Ricardo López Murphy, de la consultora FIEL, hay una trampa en la opción por el gradualismo y explica que a esfuerzos fiscales equivalentes “el gradualismo implica bajar un punto el déficit fiscal este año para evitar sus efectos negativos y tener que bajar un punto y medio más el siguiente, es decir más anuncios antipáticos el año que viene, que encima es un año electoral”, en lugar de bajar los dos puntos y medio este año.

El Gobierno necesita sí o sí reducir el déficit fiscal que sigue subiendo por la reducción sustantiva de los impuestos sin un correlato en magnitud de la reducción del gasto público. Mientras tanto, el déficit se financia con emisión y esto no permite ponerle el lazo a la inflación, lo que hoy le representa a Macri una pérdida de 10 puntos en la imagen de su gobierno. Pero las medidas de ajuste tampoco son populares y Peña teme la pérdida de capital político o, en palabras de Sica, la tolerancia social.

Tanto el gradualismo como el shock tienen costos. “Ningún almuerzo es gratis”, acota López Murphy y advierte que “Argentina en general ha usado un tratamiento para la inflación de efecto inmediato para evitar el esfuerzo adicional del esfuerzo gradualista. No es que el gradualismo sea inviable: Uruguay y Chile lo han hecho, pero requiere disciplina y tenacidad. Y además requiere generar un superávit adicional con el que pagar los intereses del financiamiento. Es dieta para toda la vida.”

La eliminación de retenciones sin un correlato en la reducción del gasto, lleva al Gobierno a seguir financiando el déficit con emisión y esto no permite ponerle el lazo a la inflación, lo que hoy le representa a Macri una pérdida de 10 puntos en la imagen de su gobierno.

Federico Furiase de Estudio Bein considera que “en última instancia, la apertura de la cuenta capital (ingreso de dólares financieros) constituye la ‘llave’ con la que cuenta la política económica para manejar con gradualismo las dificultades a las que se enfrenta”.

Así, el gradualismo exige al Gobierno salir de manera imperiosa del default selectivo y poder volver a los mercados. El tema es si tomará deuda para suavizar el ajuste o si destinará esos recursos a impulsar la economía por el lado de la inversión y se animará a hacer un ajuste más rápido una vez que la economía se reactive.

Para que el endeudamiento sea sostenible, no basta con reducir el desequilibrio fiscal y bajar la tasa de interés en los mercados de capitales cerrando con los holdouts, además “los dólares financieros tienen que reciclarse en inversión para los sectores que generan los dólares comerciales o para aquellos sectores que permitan un salto en la inversión, asegurando así el repago de la deuda en el tiempo”, agrega Furiase.

En su opinión, “para crecer sostenidamente al 4 o 5% por año, la colocación de deuda en los mercados de capitales tiene que canalizarse finalmente a un salto en la inversión productiva que permita llevar el ratio de inversión a PIB del 20% al 25%, permitiendo el repago futuro de la deuda”.

En consecuencia, la opción por el gradualismo depende de “cuánto del ingreso de capitales, del efecto riqueza positivo de una economía que posee más de un tercio del PIB en activos en el exterior y de la recomposición de las exportaciones, podrán compensar la caída del consumo privado derivada de la caída del salario real y de la suba de la tasa de interés de pesos”, explica el economista del estudio Bein.

Por ende, para que el plan gradualista funcione, no solo es necesario el ingreso de capitales, sino que estos permitan una rápida recuperación de la actividad que permita aumentar la recaudación y reducir el déficit sin depender de nuevos recortes. Si no, la exigencia de disciplina fiscal irá in crescendo y además habrá que generar un extra de superávit para el repago de la deuda adquirida para financiar el gradualismo.

No hay comentarios

Dejar respuesta