El triunvirato de la CGT quedó en la cuerda floja

Schmid quería definir un paro, pero Daer y Acuña eran más moderados. Acusan al moyanismo y los Gordos.

El triunvirato de la CGT quedó muy golpeado por haber sido abucheados y tener que retirarse custodiados del acto de este martes y en las próximas horas definirían la fecha de un paro general, acorralados por el reclamo de las agrupaciones y los trabajadores que terminaron desalojándolos del palco, en una postal histórica y vergonzosa para la tradición del sindicalismo peronista, que se vanagloriaba de su control de la calle.

En un marco de profundo malestar y acusaciones cruzadas, esta tarde se repartían culpas internas por la falta de control del acto, que para algunas de las fuentes consultadas por LPO, fue intencional.

Hasta el viernes, la seguridad estaba a cargo de Pablo Moyano, pero esta tarde algunos gremios decían que al final había derivado la tarea al panadero Abel Frutos. Además de los incidentes del cierre, al operativo no contempló ocupar las inmediaciones del escenario para evitar los cánticos contra los oradores.

Semanas antes del acto dirigentes peronistas le sugirieron al triunvirato que armaran en los 140 metros previos al palco, un corralito de sillas para que lo ocupen trabajadores y dirigentes cuidadosamente seleccionados. No fueron escuchados.

“Es un trabajo sencillo y sin embargo nadie lo hizo. No sólo Moyano perdió el control, sino que la UOCRA y UPCN movilizaron mucho pero lejos de la plaza”, interpretaban entre los gremios de transporte, los más molestos con lo sucedido, sobre todo porque el que peor parado quedó fue Juan Carlos Schmid, el más cercano a los movimientos sociales. “Si la marcha de hoy los dejaba ilesos, no los paraba nadie”, interpretaban.

“Les quedó grande la movilización a los muchachos del triunvirato y tampoco tuvieron los reflejos políticos para contener a la gente anunciando un paro, que en todo caso días después podías levantar”, explicó a LPO un importante dirigente político con experiencia en este tipo de movilizaciones.

En las semanas previas del acto, incluso le habían sugerido al triunvirato que cope los 140 metros más cercanos al palco, con un corralito de sillas para que las ocupen trabajadores y dirigentes cuidadosamente seleccionados. “Lo que les pasó es de amateurs, es una locura que hayan dejado que 500 tipos de La Cámpora y la izquierda les copen el acto, el problema fue dejarlos llegar hasta el palco, una vez ahí ya fue”, agregó la fuente.

La falta de una fecha de paro ocasionó abucheos entre el público kirchnerista y de izquierda que había llegado sin problemas al palco. El ferroviario Omar Maturano habló del 4 de abril pero hasta esta noche nadie daba esa fecha por cierta.

Para convocar a una medida de fuerza no hace falta una reunión del Consejo Directivo porque el último confederal los habilitó a definir un paro “sin fecha”. El jueves podría reunirse pero muchos entendidos del mundo gremial creen que los más experimentados pedirán “no dejarse correr” por la izquierda y el kirchnerismo.

Según fuentes sindicales consultadas por LPO, Schmid era el más interesado en definir una fecha de paro, pero Acuña y Daer preferían esperar. Acuña es leal a Luis Barrionuevo, pero cuando habla parece el más intransigente, aunque luego no suele tener propuestas duras.

Hasta ayer, durante un evento de la CTA, varios dirigentes hablaron del riesgo de llegar a la marcha sin medida de fuerza definida.

Los primeros en darse cuenta que habían perdido el control de su propia marcha fueron Maturano y Lingeri, cuando detectaron que kirchneristas y sectores afines les habían copado el frente del escenario.

Los más cautelosos apelaban a la última experiencia: el año pasado una marcha contra los despidos ubicó al tema en la agenda.

Durante los 40 minutos que duró el acto, nunca pareció una marcha sindical. Ni bien comenzó a hablar Acuña, sobre el escenario comenzó a sonar la proclama kirchnerista “Vamos a volver”, suficiente para incomodar a los 25 gremialistas sentados en el escenario.

Los manifestantes no eran sólo agrupaciones identificadas con la ex presidente, sino Comercio de Mendoza o una columna identificada con Sergio Romero, de la Unión de Docentes Argentinos (UDA).

La escena fue suficiente para que experimentados como Omar Maturano (La Fratenidad) o José Luis Lingeri (AySA) identificaran un hecho inédito: Por primera vez, el sindicalismo no tenía control de una marcha propia.

“Yo salí del palco caminando y tranquilo. Pero me llamó la atención que grupos identificados con el kirchnerismo siguieran yendo para el lugar del acto, una vez que había terminado”, se excusó Daer, tras salir custodiado junto a sus pares del triunvirato.

Los kirchneristas y la izquierda que consiguieron una importante victoria simbólica al apropiarse del palco, eufóricos no querían bajarse.

El debate interno

Entre los más moderados en la CGT están Roberto Fernández (UTA) que propuso darle al Gobierno al menos diez días antes de confirmar el paro y Juan Pablo Brey, de aeronavegantes. Se trata de dos sectores claves para que se sienta un paro general.

El otro polo está liderado por Maturano, el primero en salir a anunciar una posible fecha de paro tras el acto. Dijo el 4 de abril, pero podría ser el 5 u otro día de esa semana.

Maturano, Fernández, Brey, Moyano y el resto de los miembros de la CAAT le habían pedido el viernes a Schmid que impida que los kirchneristas le coparan el palco, pero esta tarde supieron que el jefe de dragado y balizamiento tiene poco control de la calle.

Necesitado por los subsidios, Fernández no le gusta estacionar los colectivos: en diciembre, en pleno conflicto de Ganancias, sólo paró dos horas cuando Maturano tuvo los rieles cerrados toda la mañana.

Fuente: La Política On Line

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