La inflación núcleo está en 4,1% y pone la proyección anual arriba del 30%

Los precios mayoristas treparon 6,5% en junio por el efecto de la corrida cambiaria. El freno de la actividad puede contener la inflación.

El Indec relevó en el mes de junio subas de precios del 6,5% en el segmento mayorista y del 3,7% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). El impacto de la suba del dólar se hizo notar tanto en los precios al por mayor como en su traslado a los precios minoristas, pero en particular en la inflación núcleo que marcó 4,1%. Y por lo pronto no da muestras claras de amainar en los próximos meses pese a los esfuerzos de Luis Caputo por contener ambos, el dólar y la inflación.

Contra lo que vaticinaba el equipo económico de Mauricio Macri, hace tres trimestres que la inflación viene subiendo: del 24,92% de inflación interanual promedio del tercer trimestre del año pasado, pasamos al 23,33% en el cuarto, y al 25,27% en el primero de este año y, con el dato de junio (29,5%), cerramos el segundo trimestre con el empujón de la corrida cambiaria en 27,09%.

Y las proyecciones más optimistas para lo que restan del año van de la zona del 27% al 32%. Es que si en 2016 el Banco Central evangelizaba pidiendo hacer foco en el comportamiento de la inflación núcleo (y no en el nivel general, en el que impactan las subas de precios regulados), ahora la inflación núcleo de junio mostró que, incluso con la suba de las tasas de interés y la postergación de la suba de los combustibles, el dólar le marca la cancha al IPC.

En noviembre la inflación “core” o núcleo estancó su baja y ahora hace 5 meses que no deja de subir.

“La inflación núcleo está relacionada con varias cosas y muestra la situación fundamental de la macroeconomía. Lo que jugó el papel más importante en este 4,1% es la evolución reciente del tipo de cambio: a principios de diciembre el dólar estaba diecisiete y pico y desde ahí arrancó la escalada que se intensificó en los últimos meses hasta llegar a los $28 actuales”, sostuvo el economista Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Económicos, en diálogo con LPO.

En efecto, al 30 de junio, el dólar acumulaba una suba del 75,2% anual. Pero de este salto, el grueso estuvo acumulado en 2018: la divisa escaló 56,3% desde comienzos de año (luego bajó casi dos pesos o 4,57%) y 44,17% desde que se disparó la corrida cambiaria el último 23 de abril. Esta alza se tradujo más rápido a los precios mayoristas, que acumulan de enero a junio una suba del 30,3% y del 44,1% en los últimos doce meses.

Y también se tradujo a la inflación que mide el IPC: 29,5% en un año y 16% desde enero, pero en particular a la “core”, que este trimestre -en el que se produjo la corrida- se aceleró por arriba del nivel general. 26,9% en términos interanuales, 16% desde enero y 2,96% promedio trimestral, una décima por encima de la general (2,80%).

“Para hablar con propiedad lo que corresponde es comparar la tendencia del tipo de cambio con la tendencia de los precios. Y de hecho, por ahora es bastante bajo el traslado a precios al consumidor final. Es razonable que no se haya pasado la totalidad de la suba del dólar a los precios mayoristas -porque este índice se compone esencialmente de bienes y muchos de ellos importados-, como también es lógico que sea incluso menos al IPC, que se compone más de servicios que de bienes, ya que el componente mano de obra no va aumentar tanto en ningún caso”, explicó Tiscornia a LPO.

“El traslado a precios de la variación del dólar, el pass through, tiene que ver con cuán atrasado estaba el tipo de cambio. La parte del recorrido del dólar que te devuelve al equilibrio no genera inflación, el resto sí. Y en esto entra a jugar la reacción de la política monetaria: la respuesta del Banco Central fue subir las tasas de interés por las nubes. Y a esto hay que sumarle que en adelante el traslado a precios va a tener poco margen porque se viene un escenario recesivo”.

Con la tasa de interés de referencia al 40%, la de Lebacs al 46,5% nominal anual y un fuerte apretón monetario que eleva desde mañana los encajes bancarios al 28% para las cuentas a la vista, el freno en la economía ya se hace notar: en las caídas de las ventas del orden del 4% para autos usados y 4,2% para comercio minorista, además de una fuerte tensión de la cadena de pagos: creció 71% la cantidad de cheques rebotados entre este junio e igual mes del año pasado. Y para lo que resta del año, el panorama no es mejor.

Al respecto, Javier Alvaredo, economista y director de la consultora ACM, detalló que “Durante los próximos meses la dinámica de los precios estará sujeta, además de a la inercia por el ajuste del tipo de cambio, a la dinámica de aumentos de precios regulados y las revisiones salariales que puedan registrarse. Si bien no descartamos la posibilidad de cumplir con el objetivo incluido en el acuerdo con el FMI, lo cierto es que el mismo es altamente desafiante, y requerirá de un fuerte enfriamiento del nivel de actividad, más en línea con la previsión del FMI (0,4%) que con las expectativas vertidas por el ministro Dujovne (1%), para ser cumplido”.

Sea cual sea el resultado sobre la actividad económica, de acá a diciembre las previsiones sobre cómo seguirá la inflación se muestran divergentes, pero con bastante resistencia a la baja.

“Me resulta difícil especificar qué va a suceder específicamente con la inflación núcleo, pero considero que si caen las ventas y no vuelve a sacudirse el dólar, debería ir bajando a la zona del 1,5% mensual, pero la incertidumbre es mucha porque no sabemos ni qué va a pasar con el tipo de cambio ni con las tarifas. Suponiendo que se estabiliza el dólar y el Gobierno avanza con ajustes tarifarios más moderados que los planificados originalmente, considero que podemos llegar a diciembre con una inflación acumulada de entre el 27% y el 30%. Porque la política monetaria es bastante áspera y dura, de la mano de un freno en la actividad económica”, sostuvo Tiscornia.

“Estos saltos en los precios tienen que mucho que ver con las expectativas y en Argentina no hay un historial de cumplimiento de las metas de inflación ni confianza en lo que diga el Banco Central. Por ejemplo, en Chile, entre 2013 y 2014 el tipo de cambio dio un salto del 27,6% y el mes que más alta inflación se registró fue octubre de 2014 con 5,7% de inflación internual, nada en comparación con lo que vemos en Argentina”, agregó el economista.

Incluso el 32%, valor máximo de inflación interanual acordado con el FMI para este año, luce desafiante para Luis Caputo.

En este sentido, vale recordar que, desde que Sturzenegger inauguró el programa de metas de inflación, para 2018 pasamos de una meta del 10%, a una del 15%, a directamente no tener meta y apuntar al 17% para 2019. Además, el Gobierno insistió varios meses en que a partir de mayo la inflación cedería y que la aceleración de enero-abril sería transitoria con mayo como la bisagra. Nada más lejos: el mes pasado por el impacto de la corrida cambiaria, la inflación núcleo se aceleró al 2,7% y este mes saltó al 4,1%, con subas particularmente elevadas en los capítulos Alimentos y bebidas no alcohólicas (5,2%), Transporte (5,9%) y Salud (4,2%).

Alvaredo, por su parte, es menos optimista que su colega respecto de la baja de la inflación en los meses que siguen. Para julio espera un piso del 3,2%. “Este piso se basa en los aumentos de naftas, cigarrillos, y la inercia que registra alimentos desde el cierre de junio. Por su parte, agosto ya tiene autorizado un aumento de prepagas y entre dicho mes y octubre están programados nuevos ajustes en las tarifas de electricidad y gas”.

“Por lo tanto, aun el 32% (valor máximo de inflación interanual acordado con el FMI) luce desafiante para la nueva administración del BCRA que está aplicando una política más agresiva para aminorar la suba de precios pero que de todas formas, en caso de consolidar ese sesgo, tardará unos meses en mostrar resultados, además del riesgo de la permanencia de las tasas a esos niveles en la economía real”, agregó Alvaredo.

Fuente: La Política On Line

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