Las ciudades argentinas que son de las mujeres una vez al año

De cara al 32º Encuentro Nacional de Mujeres próximo a realizarse en Chaco los días 14, 15 y 16 de octubre, la siguiente nota cuenta la experiencia de una joven en el encuentro anterior llevado a cabo en la ciudad de Rosario.

 

“-Tené cuidado cuando te tomes el taxi, hay quilombo en la catedral

-¿Quilombo?

-Sí, fuego, piedras… la policía está reprimiendo.”

¿Por qué todo esto tiene que terminar así? ¿Por qué una causa tan noble tiene que ser manchada por el extremismo ideológico? ¿Por qué los medios cuentan lo que les conviene, para quedar bien con este sistema? ¿Por qué no informan la realidad? ¿Por qué la transforman?

En los próximos días va a comenzar el 32º Encuentro Nacional de Mujeres, en la provincia de Chaco. Y me pareció preciso contarles a todos ustedes la otra campana, la otra parte de la historia, la esencia de todo el movimiento.

Corría el mes de abril del año 2016 en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR. Era mi primer año de estudio universitario, lejos de mi ciudad, y llena de miedos, los típicos que siempre aquejan a un estudiante que se va de su nido. Estaba esperando en la cola de la fotocopiadora de mi facultad, momentos perdidos en ese lugar dónde podes observar más dramas de jóvenes que en cualquier otro lado.

Allí escuchas frases como “No llego al parcial” “¿Vamos a consulta?” “No sé qué cocinar hoy para almorzar” “Tengo que ir a pagar el alquiler” “Anoche me quedé estudiando hasta tarde”. Los típicos enunciados que siempre van a salir de la boca de cualquier estudiante. Además de ese clima de comienzo de cursado y de exámenes finales también se estaba viviendo la campaña de los Centros de Estudiantes próxima a las elecciones. Personas que reconocés por las remeras del frente que representan y que tratás de esquivar a toda costa puesto que les encanta hablar horas y horas de sus propuestas.

-Hola chicas ¿cómo están? ¿Les puedo contar la propuesta?

-Somos ingresantes – Repetimos al unísono con mi compañera debido a que los alumnos de primer año no votan.

-No importa, les cuento para que nos conozcan igual.

Era una joven baja, más bien retacona, con su cabello oscuro y una parte de su cabeza rapada, piel trigueña y unos ojos redondos parecidos a los de Lilo, de la película Lilo y Stich de Disney. Así, con esa bondad que caracteriza a ese pequeño personaje, nos miraba esta piba.

Nos empezó a contar sobre el frente al que pertenecía y nos ayudó mucho a matar el tiempo en la fila de la fotocopiadora. Hasta que nombró algo que llamó mi atención.

-Perdón ¿qué es el Encuentro de…?

-Encuentro Nacional de Mujeres. Es una jornada que la que se reúnen miles de mujeres del país para debatir sobre diferentes temas. ¡¡¡¡¡Este año somos sede!!!!

Y así fue como me enteré de la existencia de este evento, y también de cómo los medios eligen qué contar.

Llegado el mes de Octubre, me encontraba muy ansiosa por asistir al encuentro. Era el primero y todas me decían “recordalo porque es único”. Rosario se llenó de miles de mujeres de todos los puntos del país, desde Bariloche hasta gente de Jujuy y Misiones. Mujeres con ganas de alzar su voz y ser escuchadas.

El Encuentro se desarrolla durante tres días eligiendo un día no laborable después de un fin de semana para que todas las mujeres puedan participar. La modalidad del Encuentro Nacional de Mujeres es única en el mundo: es autoconvocado, horizontal, federal, autofinanciado, plural y democrático.

En el año 1985 un grupo de mujeres argentinas participó en la Clausura de la Década de la Mujer en Kenia, África. Cuando regresaron a nuestro país pensaron en la necesidad de reunir a todas las mujeres para tratar problemáticas específicas que atañen a las mujeres en Argentina.

En 1986 se realizó el primer encuentro con la participación de 1.000 mujeres y desde ese momento nunca se dejaron de hacer. Cada año se suman más mujeres. En el 30º Encuentro participaron 65.000.

Es increíble que se realice anualmente, con tanta convocatoria y que todavía haya mujeres que no sepan de su existencia.

El pre Encuentro se realizó en la plazoleta ubicada en frente al Monumento de la Bandera. Allí nos acreditábamos y nos indicaban el comienzo de los talleres, donde se iban a desarrollar, entre otras cosas. Me fascinó ver la oleada de mujeres que llegaban y pincelaban con sonrisas, abrazos y mucho amor a Rosario.

Se desarrollaron más de 50 talleres de diferentes temas que iban desde el aborto hasta cómo la economía afecta a las mujeres, desde pueblos originarios hasta trata, prostitución. Solo hay una regla: los hombres no pueden asistir. Es el único momento en el año en que te encontrás con tu par, con tu compañera, con la que entiende a los abusos que enfrentamos todos los días las mujeres, con la que sabe lo que sentís cuando te dicen “feminazi”, con la que te entiende lo que es ser hija, amiga, novia, con la que entiende lo que es parir y ser víctima de violencia obstétrica. Vos podes elegir el taller que te interesa y vas. En el que yo estaba había mujeres de 16 años hasta más de 50. Esa diversidad tan rica fue lo que hizo hermoso el debate. Escuché como hay mujeres que observan que los pibes de su barrio caen en la droga y les duele. Les duele como madres, abuelas y vecinas. Y deciden hacer algo.

-Por eso formé una mini comparsa para que los chicos estén allí y no se anden metiendo en cosas raras -decía una de las tantas presentes ahí.

Escuché historias de madres e hijas que juntas tienen proyectos de lecto-escritura, de teatro o danza. Historias reales, ninguna sacada de la televisión o de un cuento. Las jornadas fueron y son enriquecedoras.

El primer día se realiza el Acto de apertura. Después de almorzar arrancan los talleres y siguen hasta la tarde. A la noche hay actividades culturales en distintos puntos de la ciudad en la que se desarrolla.

En Rosario los talleres se llevaron a cabo en diferentes escuelas en las que funcionaban hasta 4 o más.

El segundo día se sigue el debate durante la mañana y a la tarde se realizan las conclusiones. Cabe destacar que de allí no sale ninguna resolución, ni norma, ni proyecto de ley. Ese no es el fin del evento sino que se busca reordenar los temas que se hablaron para que de esta manera concluyamos el debate con ideas medianamente claras.

Al cierre de la segunda jornada se realiza una marcha por la ciudad, mostrando la masividad y diversidad del encuentro. Por la tarde-noche generalmente se lleva a cabo una peña donde además de cenar y compartir todo lo que se vivió en la marcha hay espectáculos musicales, teatrales, muestras, etcétera.

Por último el tercer día se efectúa el Plenario de Cierre en el que se elige la próxima sede mediante aplausos y finalmente se leen las conclusiones de los talleres.

Voy a referirme a la marcha en particular porque es un momento único y a la vez tan noticiable para algunos medios debido a los disturbios que generalmente se ocasionan.

La marcha de la cual fui partícipe el año pasado recorrió más de 30 cuadras. Imaginen el momento: más de 60.000 mujeres caminando juntas por las calles de Rosario cantando, saltando, la mayoría con los pañuelos verdes que caracteriza a las feministas. Las últimas cuadras sentíamos que no podíamos más, que las piernas nos estaban fallando. Pero algo nos impulsaba a seguir. La de al lado te decía “vamos compañera que falta poco”. La gente desde sus casas y departamentos salían a ver, sacaban fotos, nos gritaban palabras de aliento.

Soy consciente de los disturbios y paso a explicar porqué dije al comienzo que nada tiene que ver con la esencia del movimiento. La marcha tenía una ruta marcada, las calles ya estaban preparadas para que las mujeres pasemos por allí. Pero una parte del grupo se desvió y fue por otro camino. Ese grupo fue el que ocasionó pintadas, tiraban piedras a los colectivos, destrozaron vidrieras del centro, y armaron fuego frente a la catedral. Mientras más de 60.000 mujeres llegábamos a la costanera a disfrutar de la cena y de la peña, ese grupo estaba haciendo eso en la catedral y en la zona próxima al Monumento Nacional a la Bandera. No ví ningún medio que este cubriendo la llegada de nosotras a destino, que nos acompañe y vea como nos abrazábamos llorando emocionadas por haber finalizado un Encuentro más. Los medios estaban allí, en la catedral, cubriendo lo que más vende: los quilombos.

“-Tené cuidado cuando te tomes el taxi, hay quilombo en la catedral

-¿Quilombo?

-Sí, fuego, piedras… la policía está reprimiendo.”

Eso fue lo que me dijo una compañera cuando me estaba yendo. No fue justo que todo terminara así. No fue justo ver como diarios levantaban la noticia de que todas las feministas fuimos a quemar la ciudad, a pintar leyendas en las paredes, a destrozar la ciudad. No fue, y no es. No es justo que no vean que la gran mayoría, como les dije 60.000 estén trabajando día a día para una sociedad más equitativa.

Y de ahí viene mi queja ante los medios y ante la sociedad. El poder nos muestra lo que conviene, y por eso mancha un movimiento tan noble como el feminismo. Podes coincidir o no. Pero no podes decir que todas somos violentas. En toda ideología hay extremismo. O ¿van a pensar que todos los islámicos son terroristas? No. Así es como se busca debilitar y ensuciar los movimientos que se buscan un lugar en la sociedad.

Además de los destrozos de las marchas de las mujeres que tienen bronca y están enojadas como todas, por este sistema machista que día a día se nos impone como verdad absoluta, también existe la parte del movimiento que luchamos día a día desde nuestro lugar debatiendo, haciéndonos valer mediante otras formas, intentando buscar el respeto del otro.

Ojalá que todas las mujeres y hombres que lean esta crónica de lo que es el Encuentro se incentiven y quieran participar.

El Encuentro Nacional de Mujeres es esto. Son los más de 50 talleres. Son mujeres reunidas sin importar religión, cultura, clase social, ciudad. Son mujeres con ganas de cambiar el mundo. Es la marcha cantando y saltando. Son las intervenciones culturales.

El Encuentro somos todas.

 

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