Memorias jóvenes

¿Cómo se recuerda la dictadura en el colegio secundario?

Por Stefanía Pérez

La escuela fue, es y seguirá siendo el escenario más importante en la formación del ciudadano democrático y crítico.  El propósito es que en ese espacio de aprendizaje, conocimiento e intercambio, los estudiantes puedan, a partir de una reflexión, crear una opinión propia y sustentable sobre los acontecimientos de nuestro pasado reciente.  En esta ocasión, el tema tratado es la última dictadura militar en nuestro país, en las memorias de alumnos de escuela secundaria de la ciudad entrerriana que más al norte de la provincia se ubica y que costea sus bordes con corrientes, Chajarí.

 

No hay mal que dure cien años, dicen. En este caso, eso es una incertidumbre.

Este “mal”, no solo duró el período que comprende los años entre 1976 y 1983. Hoy, a 40 años, las consecuencias que desperdigó todavía se sienten, se ve, se recuerdan, no se olvidan, se llevan inexorablemente dentro.  Este “mal”, implicó una profunda transformación política, socioeconómica y cultural en la sociedad argentina, cuyos efectos desintegradores se extienden al presente.

La última dictadura en nuestro país, se instaló en un contexto de violencia política, donde el diálogo y la discusión quedaron eliminados y en su lugar se optó por resolver los conflictos a través del uso de la fuerza. En la actualidad, los argentinos estamos viviendo la consolidación de la democracia como forma de convivencia.

En marzo de 1976, una dictadura militar –para algunos cívico/eclesiástica/militar-, con sangrientas políticas de represión e intimidación produjo una fractura de la sociedad, derrocó a Isabel Perón y se hizo del poder hasta 1983.

Este gobierno ilegítimo, introdujo variantes en la enseñanza de la historia cuando dispuso que desde el ciclo escolar de 1979 se alternaran las unidades de historia europea con otras de historia americana y argentina, lo que llevó a las editoriales a recompaginar los libros escolares ya existentes.

El tomo tres del libro Dictadura y Educación de Carolina Kaufmann y otros, enuncia que en 1976, el general Luciano Menéndez ordenó una quema colectiva de libros por “constituir un veneno para el alma de la nacionalidad argentina”. Asimismo, un caso que extremó la cautela de las editoriales fue la prohibición en 1978 de Las Edades Moderna y Contemporánea de Juan Bustinza y Gabriel Rivas, un manual aparecido algunos años bajo el sello de Kapeluz y que había tenido muy buena aceptación por parte de los docentes. El gobierno, bajo la dirección de los militares, convenció al Ministerio de Educación de prohibir el manual, además de obligar a la editorial a retirarlo del mercado, junto con los demás textos de estos autores.

El regreso de la democracia a fines de 1983, no produjo inmediatamente grandes cambios en lo referido a la educación, más allá de la reforma de los programas de educación cívica y el intento de democratizar las formas de convivencia escolar. Fue en la segunda mitad de los años 80, cuando las innovaciones comenzaron a aparecen con la instalación en el país de la editorial Santillana.

El libro Dictadura y Educación, expone que con la Ley Federal de Educación de 1993, se comenzó un proceso que procuró introducir cambios profundos en el estudio del pasado. En el momento en que se sancionó esta ley, existía un acuerdo generalizado acerca de que la educación argentina requería una reforma profunda. La historia que promovió la reforma educativa, se proponía que el pasado inmediato tuviera una fuerte presencia en la escuela, con la finalidad de que una mayor dosis de historia cercana, permitiera a los alumnos comprender mejor el mundo en el que les ha tocado vivir. En esta propuesta, el estudio y análisis de los años de la última dictadura militar serían claves para la formación del ciudadano democrático.

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Durante el Mundial de Futbol de 1978 gobernaba una dictadura militar en argentina, sin embargo, millones de argentinos lo pasaron por alto para salir a festejar el Mundial del país de los desaparecidos y la aventura militar de los dictadores, plantea Beatriz Sarlo. Todavía hoy es difícil reconocer que la gente quería el Mundial en las condiciones que fueran.

La gran Escuela de Comercio, en este momento, a mitad de la mañana, se observa repleta. Los alumnos, con sus uniformes verde y gris, están multiplicados por todas partes. Apartado del gran murmullo de las aulas, en un banco de la galería, está Vicente Huertas, un estudiante de 5to Segunda, quien vive en Chajarí hace ya algunos años. Cuenta que aprendió del colegio, una vez llegado a Argentina, que durante el tiempo que se jugaban los partidos del mundial, se torturaba gente. “Las consecuencias fueron la forma de gobierno y las muertes; lo más importante de vivir hoy en democracia es la libertad que se tiene para expresarse libremente y sin represalias”, expresó. De la misma manera, Camila Moledo de 5to Primera, sentada a su costado y un poco tímida por la situación, opina que lo más importante es la igualdad y la posibilidad de que todos participemos en la elección de nuestros representantes.

El Mundial de Fútbol y las primeras semanas de la Guerra de Malvinas son momentos resbaladizos, donde es dificultoso reconocerse en la multitud enfervorizada con el Himno y el celeste y blanco, movida por la idea delirante de que éramos los mejores del mundo, nos gobernara quien nos gobernara; pasara lo que pasara; explica Beatriz Sarlo.

Martin Serrano, estudiante de 6to Segunda de la misma institución,  luego de una  clase de computación en la planta baja de ese omnipotente establecimiento, explica que Las Fuerzas Armadas no estaban de acuerdo con el poder que estaba a cargo del gobierno en ese período, lo que, sumado a la crisis económica, fue el desencadenante del advenimiento del proceso dictatorial. “Los militares decidieron intervenir para derrocar a Isabel Perón, iniciando una dictadura y una limpieza de los Montoneros, que eran quienes causaban disturbios”.

Por otra parte, Sebastián Boggia Percara, también alumno de 6to Segunda, ubicado en otro banco y más distendido en sus gestos, enuncia: “Los militares armaron un plan económico apoyado por el Gobierno de Estados Unidos, donde recibían grandes sumas de dinero para preparar al ejército argentino con métodos de tortura; en este momento también aumento la Deuda Externa porque este país norteamericano prestó a Argentina mucho dinero”.

Ambos relatan que lo que saben sobre este período de nuestro país lo aprendieron en la escuela, en la casa, leyendo libros por cuenta propia, en los medios de comunicación que hacen mucho hincapié en el Día de La Memoria y en las redes sociales. Consideran que lo mejor de vivir hoy en democracia es poder tomar nuestras propias decisiones; poder estar de acuerdo o no con las ideas de un partido político sin ser juzgados; que se respeten nuestros derechos; que se satisfagan nuestras necesidades; poder ser libres y elegir lo que queremos.

En contraste con el desmantelamiento, la exclusión y el aniquilamiento del otro, llevado a cabo en la fase de la última dictadura, la democracia, en su retorno en 1983, adquiere una connotación positiva.

En la década del 1980, se inicia en América Latina el retorno a las formas democráticas de gobierno, a pesar de la profundización de las desigualdades y de los nuevos problemas sociales desparramados a lo largo del continente. La recuperación de la libertad política, abre la posibilidad de participar en la construcción de una ciudadanía plena en las sociedades latinoamericanas.

Unos días después, a pocas cuadras y compartiendo los mismos años de vida, pero no así la misma institución educativa, Lovatto Josefina, alumna de 6to A del Colegio San José, expone que la última fase de dictadura en nuestro país, se terminó debido al fracaso de las tropas argentinas en la Guerra de Malvinas. Piensa que fue un gobierno ilegítimo y que se lo recuerda, entre otras cosas, por el alto grado de violencia que ejerció. “Sentimos a la dictadura como algo muy cercano, no vivimos en ese período, pero es una herida abierta en todos nosotros que aún no cicatriza. Pensando en retrospectiva, lo que paso, nos hace valorar mucho más la democracia que hoy tenemos”. Cree que gracias al trabajo que hace la escuela en la formación crítica de los alumnos, sería imposible que vuelva a suceder un golpe de estado. “Me contaron mis abuelos que en la ciudad, en ese entonces, había que salir con documento y se respetaba el toque de queda”, agregó.

Es media mañana, nuevamente alumnos por todos los rincones murmurando, corriendo al kiosco, al baño, a la biblioteca, tomando mates, comiendo turrones: el rito de todos los santos recreos. En este caso, un uniforme azul marino que los hace parecer a todos iguales. Mires donde mires, no hay un lugar en ese colegio que no se salve de sus presencias.

Juan Manuel Farneda, ubicado en una de las sillas de la sala de profesores de dicha institución educativa, con un movimiento de manos constante, como queriendo explicar lo que pone en palabras, expresa: “Durante la última dictadura se aplicó lo que se conoce como terrorismo de Estado, que es la persecución a toda persona que pensara distinto al gobierno”. Además, añadió que en la ciudad había complicidad entre la policía y el regimiento. “Este año que se cumplieron 40 del golpe, en la escuela hicimos talleres, miramos documentales sobre esa etapa e hicimos carteles alusivos a la Memoria, la Verdad y la Justicia”.

La dictadura catalogó de subversivos a todos aquellos que consideró peligrosos para su proyecto de terror y exclusión. Se concibió a la mente juvenil como un campo de batalla para el control y el disciplinamiento. Pero esos jóvenes, no eran subversivos, sino hombres y mujeres comprometidos con su época y su pueblo, cuenta el libro Pensar la Dictadura: Terrorismo de Estado en Argentina, del Ministerio de Educación.

Un par de aulas más allá, Irma Borgo alumna de 6to B del Colegio San José, cuenta que realiza su práctica educativa, junto con algunos de sus compañeros, en el museo Camila Quiroga de esta ciudad entrerriana. La temática de esta actividad, gira en torno a los cuatro intendentes que estuvieron a cargo de la presidencia municipal de la Ciudad de Chajarí durante la etapa 1976 – 1983. Uno de ellos fue Reinaldo Iglesias, quien llega al poder buscado por un sacerdote y por un militar, considerado por ambos, que él era el indicado para el puesto. “Según lo que pude averiguar, entrevistando a los familiares y a las personas que trabajaron con él, este intendente hizo muchas cosas buenas por la ciudad, las cuales ahora no son consideradas”, opinó. Lo que ella y su grupo quieren demostrar, es que se tiene un prejuicio sobre los intendentes que estuvieron a cargo de la gobernación de la ciudad durante ese tiempo y que a veces, solo se considera lo que pasaba a nivel nacional y no se ve que a nivel local había personas trabajando por el bien de la sociedad y no llevaban a cabo acciones nefastas. “Lo que tiene de importante la escuela es que te ayuda a formar una mirada crítica, no ponerte totalmente en contra o a favor, sino ver lo que de verdad pasó. Si bien los militares llevaron a cabo acciones funestas, también hubo civiles que hicieron lo mismo. Había malos y buenos de ambos bandos”, apuntó su compañera Magalí Arbelais.

Gonzalo Mirabal, alumno de 6to B del Colegio San José, seguro de sus conocimientos acerca del tema y situado en la sala de plástica, señala que el último golpe de estado no comenzó en 1976, sino que fue todo un proceso que inició en 1972. “El país afrontaba un problema con los civiles, con el grupo de los guerrilleros, con los montoneros y con la triple A. El Gobierno de Isabel Perón era un caos, y como no se podía manejar la situación, lo que algunas personas dicen es que la presidente tuvo que recurrir a los militares y cederles el poder para que manejen La Nación. Durante la dictadura, se cerró El Congreso de La Nación Argentina y se lo reemplazó por la Junta Militar. Allí se tomaban las decisiones políticas, económicas, sociales y se decretaban leyes”. Todo lo que sabe lo aprendió de la escuela, de internet, de los medios de comunicación y charlando con un profesor amigo.

Emilce Espinosa, profesora de historia del Ciclo Básico de la Escuela de Comercio, predispuesta y muy cargada de pedagogía,  explica que el sistema educativo implementa todos los años una semana para el trabajo sobre la temática de La Memoria, La Verdad y La Justicia.  “En el aula es un tema muy complejo y hay que ser cuidadosos al momento de hablar con los chicos, desde mi espacio curricular trato de presentarles los hechos objetivamente, tanto nivel nacional como a nivel internacional. El momento más difícil es el trabajo sobre esos hechos. Mi idea es siempre hacer hincapié en la reflexión para que cada uno tome su propia postura”. Manifiesta que en la sociedad nos encontramos con personas que están muy a favor de la dictadura o muy en contra y esos que están a favor, ven como una salida factible que los militares puedan salvar cualquier situación conflictiva que se esté dando en el país. “Yo no quiero generar ningún conflicto en mis alumnos, porque cada uno viene de su casa con una idea previa y quizá distinta de la de sus compañeros, por eso es que intento presentarles los acontecimientos de forma objetiva para que sus cabezas piensen ¿quién miente?, ¿quién tiene la razón?”.

Además del material de cátedra organizado por la propia escuela, ella suele incorporar otros. “No se puede decir que no hay información para trabajar. Asimismo,  todos los años llegan al establecimiento propuestas de trabajo en torno a este tema. Este año, por ejemplo, acá se trabajaron los valores y los derechos. Los estudiantes escribieron pañuelos blancos y los pegaron por todas las galerías. Lo más frecuente que me preguntan es: ` ¿por qué la gente dice que fueron tan malos?`”.

El programa “Educación y Memoria” del Ministerio de Educación de La Nación, tiene como objetivo consolidar una política educativa que promueva la enseñanza del pasado reciente en las aulas, como un aporte a la construcción de una ciudadanía política. Inscribe sus acciones en el marco general de la Ley de Educación Nacional Nº 26.206, que en su artículo 3º señala que la educación es una prioridad nacional y se constituye como política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los Derechos Humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico social de la Nación. Sus acciones están orientadas a la consolidación de la Red Nacional de referentes de Educación y Memoria; a la producción de materiales virtuales, audiovisuales y gráficos; a la inserción curricular; a la realización de actividades de formación docente en todo el país; a la invitación a estudiantes a producir trabajos de investigación sobre el pasado reciente y sus marcas locales.

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