Pilas botón: un gran peligro al alcance de los chicos

Son un peligro que late en el corazón de todo lo que atrae a los chicos: juguetes, relojes, cotillón luminoso y controles remotos. Redondas, chiquitas y brillantes, una vez que logran sacarlas de sus “escondites” capturan su atención. Y a la hora de explorar, para ellos todo vale, incluso la boca, la nariz y los oídos. “Dentro de los cuerpos extraños, las pilas botón son de los más riesgosos, solo superadas por aquellos que pueden producir muerte por asfixia como una salchicha, una uva, una cereza, un tomate cherry, entre otros. Sacando esos, este es el más grave porque en poco tiempo de estar en contacto con la mucosa provoca daños. A la hora empieza a producir inflamación, congestión o edema. Entre las dos y las cuatro horas puede provocar lesiones y más tarde, necrosis, es decir que puede agujerear”, explica Hugo Rodríguez, jefe del servicio de Endoscopía Respiratoria del Hospital Garrahan.
La peligrosidad de las pilas radica en sus múltiples mecanismos de acción. En primer lugar, el daño físico que puede provocar al obstruir la vía respiratoria o comprimir el canal auditivo. A eso se le añaden los químicos altamente tóxicos que contiene (mercurio, litio y cadmio), que son liberados progresivamente y absorbidos por el cuerpo al entrar en contacto con las mucosas. Además, los líquidos corporales facilitan la conducción de su carga eléctrica hacia el organismo. Y como si fuera poco, si su estructura está dañada puede liberar las sustancias corrosivas que contiene.
“Aún con muy poco tiempo de exposición, los chicos llegan con mucha corrosión”, cuenta Bibiana Paoli, jefa de Otorrinolaringología Infantil del Hospital de Clínicas, servicio por el que en los últimos siete años pasaron 320 niños que se habían introducido pilas en fosas nasales u oído. “Con solo estar apoyada en algún lugar ya provoca lesión. Y cuanto más nueva es más daño provoca”, alerta la médica y subraya la necesidad de controlar mucho a los pacientes “porque por más que saquemos las pila, la corrosión sigue trabajando, tenemos muchos chicos con perforaciones de tabique”. Y Rodríguez añade que “por más que ya no sirva para el control, igual tiene carga para lastimar”.
En la mayoría de los casos, los chicos que se ponen pilas están en compañía de un adulto (“hay que estar atentos porque son muy rápidos”, dice la especialista del Clínicas). Los síntomas van desde una crisis por asfixia o atoramiento, salivación, dolor abdominal o rinorrea (moco de un solo lado) constante, entre otras. Muchas veces los propios chicos son los que confiesan haberse introducido el cuerpo extraño. “Hay que hacer una consulta urgente para que le saquen una radiografía que muestre dónde está localizada la pila. Depende de dónde esté se evalúa si hay que sacarla en forma inmediata o no. Si está en la nariz o en el esófago la extracción tiene que ser inmediata, es decir, a las dos horas como máximo”, enfatiza Rodríguez. Si pasó al estómago, en cambio, se puede hacer un seguimiento con controles radiográficos para ver si la elimina por vía natural.
Entre las secuelas de mayor gravedad se encuentra la perforación del esófago. “El chico no puede alimentarse en forma natural, seguramente hay que hacerle una gastrostomía y muchas veces también son traqueotomizados”, explicó Rodríguez. En el Garrahan recibieron la derivación de un caso muy grave de Mendoza. El chico llegó con una fístula traqueoesofágica, necesitó múltiples operaciones de tráquea y de esófago y en una de esas cirugías se le produjo una mediastinitis que le provocó la muerte.
“Hay que evitar que alguien que no sea médico y/o no tenga el instrumental necesario intente sacarla, porque ahí es cuando la podés profundizar más, se vuelve más difícil sacarla y es muy probable que la trague el chico, porque eso está todo comunicado”, comenta Paoli.
La mayor prevalencia de este tipo de lesiones por cuerpos extraños se da en niños de 1 a 3 años (la asfixia es una de las principales causas de muerte en ese grupo), pero los más grandes no están exentos. Los especialistas llaman a los adultos a poner especial atención en con qué juegan los chicos. Chequear que los juguetes sean acordes a la edad y que cumplan las medidas de seguridad (“si hay espacio para un tornillo, que el tornillo esté y si no reforzar con pegamento”. No dejar pilas al alcance de los chicos (“ni escondidas en un cajoncito, porque ellos pueden alcanzarlas igual”).

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