Psicología de las redes sociales

No es ninguna novedad, actualmente nuestro mundo se encuentra inmerso totalmente en las redes tecnológicas. Pero esto, ¿tiene repercusiones en nuestra mente, y en nuestra salud mental? Claro que sí.

El gran despliegue de la tecnología en la vida cotidiana se dio no hace más de 10 o 15 años. Es decir, la mayoría de los que superamos los 20 años de edad alcanzamos a conocer una infancia y un ingreso en la adolescencia en que la tecnología estaba ausente o poco presente en la vida diaria. Por supuesto que no sucede igual con los más jóvenes.

La llegada del Internet mismo y de la red modificó profundamente las bases de las sociedades a nivel mundial.

Pero más acá, ¿cómo nos puede importar la influencia de las redes sociales en nuestra vida?

Instagram, Facebook, Twitter, y muchas otras. La mayoría de nosotros somos usuarios de las redes sociales. Ellas han creado una nueva forma de manejar la información y una nueva forma de relacionarse con los demás, centradas fundamentalmente en la imagen, que reemplazó a la palabra como trasmisora principal.

A través de las redes sociales, se construye la lógica de mostrar, para que los otros vean. Lo que se pone en juego no es algo nuevo, ya a comienzos del siglo pasado los psicólogos hablaban sobre la importancia que tiene la mirada del otro para nuestra vida.

La mirada del otro nos puede confirmar o rechazar. A través de las redes sociales, lo que sucede parecería ser que aquello que no se muestra, no existe. Seguramente si vemos que una persona sube constantemente fotos de vacaciones y de viajes por hermosos lugares, se nos pasará inmediatamente por la cabeza que esa persona la pasa muy bien. Y no se nos ocurrirá pensar lo mismo de una persona cuyo muro esta siempre vacío, si no sabemos qué hace de su vida.

En sí, la tendencia a subir fotos y videos y mostrar a los demás nuestra vida, no es necesariamente algo malo, sino que es parte de las nuevas identidades que hace pocos años las personas estamos empezando a construir en adaptación a esta nueva sociedad de la imagen. Pero también puede ser una labor limitante, extenuante y que sobre todos nos desconecte de poder vivir y sentir el presente.

No es raro comenzar a ver que aparezcan nuevos malestares y quejas que tienen que ver con esta necesidad de exposición y confirmación a través de las redes. Pensemos como nos sentiríamos si no recibimos nunca, jamás, un me gusta o un comentario en nuestras publicaciones. Tampoco sería raro que el día de mañana estos padecimientos se vuelvan más y más comunes, y se entremezclen con otros malestares ya conocidos.

La imagen, impacto rápido y desvanecimiento

La fugacidad es otra de las características nuevas que las redes sociales le imprimen a la vida.

Una imagen o una publicación tienen un tiempo de validez de horas (o hasta de segundos), o sea que su impacto en el publico dura un tiempo muy acortado, y luego pasan al olvido. Puede continuar ahí, pero casi nadie le prestara atención a una publicación que lleva ya unos días.

Inclusive, ya existe en muchas redes sociales la auto-eliminación de las publicaciones luego de pasadas unas horas. Por eso resulta extraño cuando Facebook nos recuerda lo que hacíamos hace un año atrás.

Esta nueva fugacidad de la información y las emociones a la que nuestras cabezas se están acostumbrando (y con las que los más jóvenes prácticamente nacieron) hace que, por ejemplo, nos aburramos fácilmente con las cosas lentas y tediosas, características más acordes a la vieja sociedad, como les pasa por ejemplo a los chicos en las escuelas. La constancia es un valor más típico de un tipo anterior de sociedad.

También nos volvemos más afines a las emociones fuertes y pasajeras, hasta llegar a ser coleccionistas de experiencias. Como contraparte, no es raro que aparezca en algunas personas una tendencia a encerrarse, a atarse a cosas, ideas y personas, para evitar perderse en el ida y vuelta constante y fugaz de sensaciones que pasa afuera, y en el que algunos terminan siendo arrastrados.

Las nuevas cabezas prefieren la información trasmitida a través de imágenes, como los conocidos “memes”, a tener que leer algo o escuchar una charla.

Si tenemos en cuenta que hasta hace un tiempo fue la palabra la que reino en las culturas y la que formó las mentes, seguramente notemos cada vez más cambios en las personas y sobre todo en las nuevas generaciones de aquí en adelante, ya que la sociedad se encuentra en un proceso de evolución y transformación.

 

Por Leandro Cavallaro González. Psicólogo. Egresado de la Universidad Nacional de Rosario 2015. Miembro del Centro de Investigación en Neurociencias (UNR).

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