Por Clara-Laeila Laudette

MADRID, 16 abr (Reuters) – Después de haber vivido brotes de gripe de animal como el SARS y el H1N1, el productor español de jamón ibérico Joselito se apresuró a mejorar los controles de calidad con medidas sanitarias más estrictas ante el impacto del nuevo coronavirus.

Pero la parálisis casi total de sus exportaciones a Europa y la puesta en cuarentena de sus principales clientes: restaurantes, bares y hoteles de España, ha supuesto un golpe muy duro.

Ahora, esta empresa con origen en la localidad salmantina de Guijuelo, al oeste de Madrid, ha reorientado la estrategia de distribución de su principal jamón “pata negra” hacia los clientes minoristas, y tiene la ambición de abrir un debate sobre cómo el brote de COVID-19 podría cambiar las formas en que las sociedades europeas se reúnen y consumen alimentos.

El 80% del negocio del negocio de Joselito es doméstico y de este porcentaje, “un 50% es hostelería, tiendas y restaurantes, que esta totalmente parado”, lamenta su jefe, propietario y fundador, José Gómez.

Desde que España decretó el estado de alarma con estrictas medidas de confinamiento el 14 de marzo, los pedidos en línea de lonchas y patas de jamón de la marca Joselito se han triplicado y en Madrid se ha asociado con la aplicación de reparto de comida a domicilio Glovo.

La paralización de la actividad le costó a España cerca de un millón de puestos de trabajo en sus dos primeras semanas, pero al menos hasta ahora, Gómez ha conseguido evitar el despido de personal.

Para los encargados de salar, desollar y deshuesar el jamón las cosas no han cambiado nada, o casi nada.

Incluso antes de la epidemia, el personal de la planta de procesamiento usaba guantes y máscaras, y se desinfectaba antes de manipular el jamón.

Ahora, se dividen en equipos con turnos rotativos, también usan trajes de descontaminación de un solo uso y se les controla la temperatura.

Antes de que el brote llegara a Europa, la empresa de jamones finos había lanzado su segunda barra de degustación en Madrid, y esperaba abrir otras en todo el mundo.

Pero con el sector mundial de la alimentación y la gastronomía patas arriba y con su futuro incierto, Joselito está preocupado por la forma en que la pandemia afectará a la mentalidad de la gente, y al modo de vida mediterráneo en particular.

“El temor que tengo y que tenemos muchos mediterráneos es que este miedo nos haga cambiar drásticamente nuestras costumbres”, dijo Gómez. “A raíz del virus, que las costumbres se vayan perdiendo poco a poco”.

Para estimular el diálogo y, según espera, disipar esta ansiedad, planea una serie de podcasts que examinen el futuro del sector de la alimentación y la restauración.

“Queremos hablar con gente de todo el sector por todos los países, ver un poco a donde van los cambios”, dijo Gómez.

(Información y escrito por Clara-Laeila Laudette; información adicional de Elena Rodríguez y Michael Gore; editado por John Stonestreet; traducido por Andrea Ariet en Gdansk)



Fuente: infobae