TEHERÁN, Irán (AP) — Por unos 15 dólares al día, repartidores ataviados con mascarillas y guantes recorren las calles de la capital iraní, Teherán, vacías por la pandemia, para entregar víveres y alimentos a quienes se refugian del virus en sus casas.

Como gran parte de Oriente Medio, desde los rascacielos de Dubái a los estrechos callejones de El Cairo, las ciudades iraníes dependen del reparto a domicilio de muchos de sus suministros diarios en medio de uno de los peores brotes de coronavirus del mundo.

Esas entregas, en vísperas del inicio del mes sagrado del ayuno para los musulmanes, el Ramadán, adquieren una nueva importancia para quienes reciben los productos y suponen nuevos riesgos para los repartidores que tratan de ganarse la vida.

“Necesito una fuente de ingresos y asumo todos los riesgos”, dijo uno de ellos, Yaghoub Moradi, de 23 años.

Irán ya atravesaba problemas económicos por las severas sanciones de Estados Unidos que le impiden vender su petróleo en el extranjero, medidas impuestas luego de que Donald Trump decidió unilateralmente en 2018 sacar a su país del acuerdo nuclear entre Teherán y las potencias internacionales. Esto provocó meses de crecientes tensiones que han persistido durante la pandemia.

Ahora, el virus está golpeando al sector servicios y a otras industrias que habían evitado las consecuencias de las sanciones, dijo el analista económico Mehdiyar Mostafaei a The Associated Press. En una nación que ya tenía problemas de desempleo, esto obligó a muchos a adentrarse en el oscuro mercado de los taxis clandestinos y los repartos a demanda, utilizando sus propios vehículos.

Shahin Daryani, propietario de un supermercado, dijo a la AP que ahora gran parte de sus ventas son pedidos telefónicos. El aumento de la demanda le ha hecho contratar a cuatro nuevos repartidores.

“Mis clientes y yo preferimos no vernos en el supermercado”, señaló Daryani. “Si ellos se quedan en casa, sería genial, incluso para mí. Sin contacto, no hay brote de virus”.

Irán reabrió el lunes las autopistas interurbanas y los grandes centros comerciales para estimular una economía asfixiada por las sanciones, apostando por que ha logrado controlar el brote, aunque algunos temen que estas medidas puedan provocar una segunda oleada de contagios. Este miedo ha hecho que aquellos que pueden se queden en sus casas y echen mano del reparto a domicilio.

Con tanta gente recluida, la demanda del servicio de taxis por internet Snapp, una app iraní similar a Uber, se ha desplomado.

“Antes del Nowruz (el Año Nuevo Persa), unos 800.000 eran (usuarios) activos de Snapp, pero el virus los recortó en un 70%”, explicó a la AP el director ejecutivo de Snapp, Jhubin Alaghband.

La pandemia ha supuesto sin embargo un incremento en el uso de SnappFood, que organiza entregas de tiendas de comestibles. Sus pedidos se han más que duplicado hasta rondar los 20.000 diarios, agregó Alaghband.

“Somos afortunados de que haya tanta demanda para SnappFood en esta situación crítica”, apuntó.

Pero el riesgo sigue existiendo para repartidores como Saeed Vatanparast, que dijo estar preocupado por contagiarse al cobrar a sus clientes en efectivo o con la máquina portátil para tarjetas.

“A menudo estoy cara a cara con los clientes y puedo sentir su aliento”, señaló. “Dios sabe que si ellos tienen el virus, yo puedo contraerlo y llevarlo conmigo a otras casas y a otros clientes”.

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Los periodistas de The Associated Press Mehdi Fattahi en Teherán, Irán, y Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyeron a este despacho.



Fuente: infobae