Pocos días después de la espectacular captura en Argentina del nazi Adolf Eichmann, una llamada telefónica cambió la vida de Gabriel Bach, al recibir la misión de encargarse de la investigación para el juicio en Israel de uno de los arquitectos de la “solución final”.

Bach era asistente del fiscal cuando el exteniente coronel de las SS Adolf Eichmann fue secuestrado el 11 de mayo de 1960 por agentes del Mossad cerca de Buenos Aires, y luego trasladado, drogado, a Israel en un vuelo de la compañía El Al.

La captura de Eichmann, anunciada 12 días después por el primer ministro Ben Gurion, tuvo el efecto de un terremoto en Israel y en el extranjero. A los 33 años, Bach fue llamado por el ministro de Justicia en persona, Pinhas Rosen.

“Me dijo: ‘Señor Bach, imagino que va a ser uno de los fiscales en este caso, pero tengo una solicitud especial para usted: ¿puede encargarse de la investigación de Eichmann?'”, explicó a la AFP el ahora jubilado de 93 años que vive en Jerusalén, actualmente en confinamiento debido a la pandemia del nuevo coronavirus.

– Una postal de Auschwitz –

En abril de 1961, el fiscal general Gideon Hausner dirigió los procedimientos legales contra Eichmann, juzgado por su papel en el Holocausto, el exterminio de millones de judíos por la Alemania nazi, durante el juicio en Jerusalén ante las cámaras de todo el mundo y de enviados especiales de renombre, como Joseph Kessel y Hannah Arendt.

Pero fue Bach quien, durante meses, dirigió la investigación preliminar, liderando un equipo de unos 40 policías en una cárcel en el norte de Israel, donde estaba detenido Eichmann.

Seis décadas después, Bach no ha olvidado nada: “No pasa un día sin que yo recuerde un elemento en particular, una prueba o un momento específico en el juicio de Eichmann”, comentó.

Antes de conocer al nazi, varias historias de sus víctimas ya marcaron al fiscal, como la forma en que Eichmann obligaba a los prisioneros de los campos de exterminio a escribir postales a sus familiares para exaltar la “belleza” de Auschwitz. De esta manera, el criminal pensaba que más judíos subirían a los trenes que los llevaban a su propia muerte.

En su primer encuentro con Eichmann, Bach le informó que estaba llevando a cabo la investigación. “Le dije que si tenía un problema específico, físico o de otro tipo, o relacionado con su familia, estaría dispuesto a hablar con él”, dijo.

Pero luego restringió su contacto directo, para asegurarse de no divulgarle elementos de la investigación.

Bach recuerda un raro momento en el que Eichmann perdió los estribos, por una razón inesperada. El acusado fue llevado a la corte para ver imágenes de los campos de exterminio. Durante la proyección, Eichmann parecía agitado y Bach luego le preguntó qué le estaba molestando.

“A pesar de la promesa de que siempre me llevarían a la sala con un traje azul, le dieron un traje gris”, le respondió Eichmann, según Bach.

– Misión cumplida –

Eichmann no fue el primer contacto de Bach con los nazis. Cuando era niño, vivió en Berlín y fue a una escuela cerca de una plaza que entonces se llamaba Adolf Hitler.

Ante el aumento del antisemitismo, su familia abandonó Berlín en el otoño de 1938, dos semanas antes de la “Noche de los Cristales”, el 9 de noviembre, durante la cual se incendiaron sinagogas y decenas de judíos fueron asesinados en toda Alemania.

En la estación de Berlín, corriendo para tomar su tren hacia Holanda, Bach todavía recuerda una patada que recibió de un oficial nazi en la plataforma de embarque. “Literalmente me echaron a patadas de Alemania”, dice.

Tras pasar por Holanda, la familia se embarca hacia Palestina.

En 1948, una parte de Palestina, bajo mandato británico, se convirtió en Israel. En el mismo período, Eichmann obtuvo una autorización para ir a Argentina, donde llegó en agosto de 1950 y trabajó en una empresa de construcción, luego como capataz en las fábricas Mercedes-Benz bajo una identidad falsa.

El 15 de diciembre de 1961 se conoció la sentencia: muerte por ahorcamiento. Eichmann apeló, pero la solicitud fue denegada. La única esperanza que quedaba era la clemencia del presidente Itzhak Ben-Zvi.

A fines de mayo de 1962, los fiscales supieron que el presidente estaba a punto de decidir. Surgió entonces una nueva pregunta que dividió a los magistrados: ¿cuándo ejecutar a Eichmann si se confirmaba la sentencia?

Algunos dijeron que “no es necesario apurarse”, recuerda Bach, quien no estaba de acuerdo: el joven fiscal temía que un simpatizante nazi en el extranjero tomara a un niño judío como rehén y amenazara con matarlo en un intento de cancelar la posible ejecución.

Si la solicitud de clemencia es “rechazada a las 23H00, debemos ejecutar (a Eichmann) a medianoche”, argumentó. Y “esto es lo que sucedió” en la noche del 31 de mayo. “La policía me invitó. Pero no quería estar allí (en la ejecución). Nuestro trabajo ya estaba hecho”, dijo.

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Fuente: infobae