Obra moral que muestra el triunfo de la Muerte sobre las cosas mundanas, simbolizado a través de un gran ejército de esqueletos arrasando la Tierra.
Pieter Brueghel the Elder De triomf van de Doods, Museo del Prado, España. Tomado de Wikicommons.

No está de más recordar que la COVID-19 es solo otra en el rosario de pandemias que ha sufrido la humanidad. Desde la más remota antigüedad hasta la que cimentó el desarrollo de la sociedad moderna, este tipo de crisis sanitarias mundiales han convivido con nosotros y nos han dejado lecciones sobre el cuidado pandémico. Como en la Grecia del 430 a.c. con la peste ateniense, que no duró un poco más de 6 años, y donde el mismo Pericles pudo haber sido una de sus víctimas; existía pánico permanente, ya que la enfermedad se extendía con los soldados que estaban en la guerra del Peloponeso. La guerra extendió el virus de tal forma que casi un tercio de la población ateniense murió ante las causas anónimas de este virus. Incluso se reseña que este evento pudo haber sido imperante para que Atenas fuera derrotada en la guerra contra Esparta liderada por Lisandro.

“Apenas comenzó la buena estación, los Peloponesios y sus aliados invadieron el Ática… y cuando aún no llevaban muchos días en ella, comenzó por primera vez a propagarse entre los atenienses la famosa epidemia, que se dice que ya antes había sobrevenido en muchos Lugares”, narraba Tucídides.

Los síntomas que narra el historiador, y quien también padeció la peste, eran dolor de cabeza, enrojecimiento del rostro, fuerte tos, aliento petulante y hasta vomito de bilis. La letalidad del virus arruinó los intentos por contenerlo, pues ante la propagación en tierras atenienses, el pánico provocó salidas masivas que propagaron aún más la enfermedad.

Otras pandemias como la peste bubónica sacudieron Europa unos cuantos siglos después. Se sabe que el virus de la peste se dividió en dos etapas. La primera fue la peste siciliana en 1347, también nombrada como el inicio de la peste negra. El virus, que hoy se denomina Yersinia pestis, se transportó por medio de unos soldados sicilianos que llegaron al puerto de Caffa, a finales de año, moribundos y con varios síntomas de gangrena. Los marinos llegaron al territorio debido a que Caffa era un lugar de intercambio comercial popular en el territorio genovés.

La primera teoría de cómo llegó el virus a los humanos se inclinó por la picadura de pulgas, pero después grupos navales determinaron que las ratas contagiadas propagaban la infección cuando llegaban a puertos de ciudades como Génova y Mesina. El puerto no se cerró, error considerable, pues la enfermedad se propagó entre los refugiados que viajaban a otros territorios italianos. Después, el virus se esparció por Mongolia y territorios en el oriente.

En 1348 se vivió la segunda etapa del virus y aparecieron mejores explicaciones a los síntomas como altas fiebres, ganglios en el cuello y piel cubierta de manchas negras o bultos. La enfermedad viajó por las fronteras de Italia hacia el oriente y el este del continente, y llegó a las islas británicas. Nuevamente, no cerrar rápidamente fronteras fue uno de los errores que descontroló el virus, pues a finales de 1348 el foco de la enfermedad se había dispersado por media Europa.

Y ya enfermos, ¿cómo trataron los síntomas en la edad media y en la antigüedad? El médico historiador de medicina Orlando Mejía explica en su libro La medicina en la antigüedad que los remedios tonificantes eran el vino, el agua fría, el vinagre, el repollo y hasta los narcóticos. En la edad media se usaban tres tipos de medicina explicadas por San Isodoro:

Ilustración del sistema arterial de un manuscrito provenzal anónimo del siglo XIII, ubicado en la biblioteca de la Universidad de Basel (Chouland,1920)
Ilustración del sistema arterial ubicado en la biblioteca de la Universidad de Basel, extraído del Libro “La medicina en la antigüedad” por Orlando Mejía.

“Primero, la Medicina Metódica fue descubierta por Apolo: es el que actúa mediante remedios y conjuros. El segundo, la Medicina Empírica, es decir totalmente basada en la experiencia, fue hallado por Esculapio, que no se basa en las señales de los indicios, sino únicamente en los experimentos. El tercero, la Medicina Lógica, es decir racional, fue inventado por Hipócrates. Narrado por San Isodoro

Las costumbres medicinales del medioevo estaban basadas en conocimientos antiguos, así que escudriñaron en los textos de Galeno buscando relajantes y antiinflamatorios. Sin embargo, una parte de la sociedad pensó que la enfermedad era un castigo divino, por lo que empezaron a flagelarse en nombre de dios a la espera de su perdón.

Esta peste tuvo mejores resultados en prevención y control. Las reuniones de control ambiental entre los altos mandos para el control de fronteras, y la creación del famoso “médico de la peste”, fueron algunas de las soluciones. A pesar de los controles, la peste logró detenerse en 1350, y aunque dejó´ la teoría de la medicina holística también acarreó vastos problemas en agricultura y comercio. La “muerte negra” reflejó la falta de prevención en el cierre de fronteras y la reacción lenta de líderes para generar las reuniones de cuidado ambiental.

La única peste comparable con la actual de la COVID-19, conforme a sus síntomas e incidencia respiratoria, fue la gripe española. El infectólogo Carlos Arturo Álvarez Moreno asegura que era más letal que el coronavirus. En 1918, en Kansas, Estados Unidos, aparecieron grupos de soldados con síntomas de influenza y cuando llegaron al hospital desarrollaron síntomas de neumonía, esto alarmó a los grupos médicos que ya empezaban a contar muertos. La sociedad no tenía más opción que dejar a los cuerpos apilados ya que no había féretros suficientes para las muertes diarias. “Las cifras de mortalidad causada por dicha pandemia de gripe, según diversos autores, van desde 20 hasta 200 millones”, aseguró Guillermo Murillo Godinez en su texto ‘Recordando la gripe española’.

Se le llamó gripe española porque solo fue una gran noticia en España, país neutral frente a la Guerra Mundial. Pero la enfermedad tuvo su origen en Estados Unidos y avanzó en toda Europa, no se conoció su alcance real por el afán de los aliados de censurar cualquier información que los mostrara débiles ante sus enemigos o que desmoralizara la tropa. La enfermedad se propagó, como en otras pandemias de la historia, por medio de la entrada de buques a los puertos con cientos de miles de soldados que llegaban de la guerra.

Gripe Española 1918
Las mascarillas hechas de gasa se usaban ampliamente, pero no ofrecían mucha protección. No obstante, estos trabajadores de la Cruz Roja en Boston ensamblaban mascarillas. “Nuestro deber es evitar que las personas sientan miedo”, dijo el comisionado de salud de Chicago. “La preocupación mata a más gente que la epidemia”.

National Archives

Para esos años aciagos, los médicos trataron de controlar los síntomas con “preparaciones con analgésicos, como opioides y codeína, y sustancias mentoladas para producir en el paciente la sensación de despeje de la vía aérea” Según el médico Guillermo Murillo Goméz en su texto Las Ideas Médicas sobre la epidemia de gripa de 1918 en Bogotá. Solo fue hasta 1920 cuando se pudo apaciguar el virus, tras años de desinformación: otro error que le salió caro a la humanidad en tiempos de pandemia.

Desde la Ática Griega hasta los campamentos estadounidenses del siglo XX, se han documentado los errores y enseñanzas que dejaron las pandemias en el mundo. Ahora, con la COVID-19, unas 7 mil millones de personas saben a lo que se enfrentan con un virus de esta escala. Aunque la humanidad nunca estuvo tan preparada como hoy para hacerle frente, resta esperar unos años para saber realmente cuál fue el impacto de esta nueva epidemia global y si estamos mejor preparados como humanidad para una nueva.



Fuente: infobae