El fotógrafo brasileño Bruno Miani nunca pensó visitar Gibraltar. Hasta que la pandemia frustró sus planes de casarse con su novia en Dublín, donde viven habitualmente.

Con las oficinas de la administración irlandesa cerradas debido a las restricciones derivadas del virus, Bruno y su novia Natalia Senna Alves de Lima, también brasileña, no tuvieron manera de reunir los documentos necesarios para casarse allí. El tiempo de espera para obtener un hueco disponible para su ceremonia se anunciaba insoportable.

Así las cosas, la pareja se embarcó en un vuelo de bajo coste a Málaga, y de allí viajó en autobús a Gibraltar, un territorio británico en el extremo meridional de la Península Ibérica, donde pudieron casarse el martes en el registro civil local ante un retrato de la reina Isabel de Inglaterra.

“La forma más rápida de casarse ahora es ir a Gibraltar”, dice Miani, de 40 años, con los ojos empañados por la emoción, cuando el funcionario los declaró marido y mujer.

“Nos queremos mucho. Ya vivimos juntos como una pareja casada. Pero ahora es oficial”.

La administración gibraltareña exige una burocracia mínima para casarse y ahora mismo no hay restricciones fronterizas, por lo que en este período de pandemia se ha disparado el número de bodas.

Las parejas sólo tienen que presentar sus pasaportes y los certificados de nacimiento y permanecer una noche en el enclave, fronterizo con España, antes o después de la boda. Con el certificado gibraltareño en mano, luego sólo tienen que registrar su matrimonio en su país de residencia.

Los organizadores aseguran que la demanda exterior se ha disparado.

“Es una locura. No damos abasto con los turnos y los espacios” de celebración, apunta Leanne Hindle, directora de Marry Abroad Simply (Cásate en el extranjero fácilmente).

– “Te parte el corazón” –

En muchos de los casos, las parejas que se están casando en Gibraltar son personas de distintas nacionalidades, que mantenían una relación a distancia y no podían viajar el uno al país del otro para casarse y emprender una nueva vida, a causa de las restricciones de viaje derivadas de la pandemia.

A menudo hay también un elemento de presión. Por ejemplo, el caso de una pareja cuyo seguro no les cubría el oneroso tratamiento de fertilidad necesario para tener un hijo a menos de estar casados, apunta Hindle.

Otro escenario habitual es el de parejas en las que a uno se le ofrece un trabajo en otro país y sólo puede llevar allí a su pareja si están legalmente casados, añade Hindle.

Casos todos ellos que “te parten el corazón” con sólo escucharlos, asegura Hindle.

Scott Gerow, un estadounidense de 41 años, se casó este mismo mes con una rusa de 44, en el pintoresco jardín botánico de Gibraltar.

La pareja se conoció en enero en San Petersburgo, donde Gerow estaba entonces trabajando. Cuando tuvo que regresar a Estados Unidos en junio, se vieron alejados por las restricciones de viaje, que les impidieron visitarse en sus respectivos países.

Ahora que están casados, ella podrá ir con él a Estados Unidos. Si no fuera por Gibraltar, “todavía seguiríamos hablando por videoconferencia cada día”, dice Gerow.

Gibraltar está atrayendo también a muchas parejas de la vecina España, porque las normas sobre el uso de mascarillas en público y el número de personas autorizadas a reunirse son menos estrictas, apunta Resham Mahtani, planificador matrimonial en Rock Occasions.

A título comparativo, en Andalucía, la región española fronteriza con Gibraltar, las reuniones privadas autorizadas se limitan a seis personas, frente a las 16 que se permiten en el enclave británico.

– “Un lugar de amor” –

La mayoría de las parejas que vienen de lejos se casan sin familiares presentes por el gasto que implica viajar. Muchos usan computadoras y teléfonos celulares para transmitir en directo la ceremonia a sus allegados.

“Estábamos solos, lejos de mis amigos y mi familia. Fue realmente difícil”, dice Liza Ursini, una enfermera canadiense de 57 años que viajó a Gibraltar en octubre para casarse con un andaluz de Sevilla.

Tras la ceremonia, él pudo viajar a la ciudad de ella, en la provincia de Quebec, para vivir juntos.

La facilidad para casarse en Gibraltar se hizo famosa cuando John Lennon se casó allí en 1969 con Yoko Ono, después de una serie de obstáculos en otros países.

El acontecimiento fue inmortalizado en una foto de la pareja frente al Peñón que domina el enclave, y en la canción de los Beatles “The Ballad of John and Yoko”.

Ante la creciente demanda, el enclave británico aumentó el número diario de bodas programadas en su pequeña oficina del registro civil y los espacios exteriores disponibles para las celebraciones.

El ministro principal del territorio, Fabian Picardo, asegura a AFP que está “encantado de que Gibraltar se haya hecho popular por ser un lugar de amor y no de división”.

Para cualquiera que necesite “hacer oficial y legal ese vínculo amoroso, Gibraltar es el lugar”, añade, sonriente.

ds/avl/mg/bl



Fuente: infobae