En la fiesta de la Epifanía ortodoxa, delante de una iglesia centenaria de la ciudad etíope de Gondar, un grupo de actores empuña sus fusiles en una obra que ensalza la victoria del ejército frente a los líderes de la región disidente de Tigré.

El espectáculo refleja la mentalidad de los fieles: aclamada por la multitud, la tropa loa el triunfo del ejército contra los “traidores” del Frente de Liberación del Pueblo de Tigré (TPLF), cuya cúpula fue expulsada de esta región septentrional de Etiopía.

Los festejos de este año poco tienen que ver con el espíritu del Timkat, fiesta de los cristianos ortodoxos de Etiopía, que celebra la Epifanía y el bautismo de Jesús en el Jordán.

Normalmente, Gondar, antigua capital del imperio etíope, recibe a miles de fieles que se sumergen felices en las aguas sagradas de sus termas.

Este año, este festival, inscrito en el patrimonio mundial de la Unesco, se celebra en un ambiente atípico, marcado por la violencia de estos últimos meses, desde el conflicto de Tigré, hasta las matanzas étnicas en el oeste y las tensiones latentes con el vecino Sudán.

Una situación que ha transformada esta fiesta religiosa en una oda a la fuerza militar, con espectáculos de tono guerrero y advertencias a los posibles enemigos de la nación.

El eslogan de este año, “El Renacimiento de Etiopía en el Timkat de Gondar”, hace referencia al conflicto en Tigré, presentado por Adís Abeba como una “operación para mantener el orden”.

“Habla de la nueva Etiopía y lo que el gobierno está consiguiendo con esta operación”, explica el alcalde de Gondar, Molla Melkamu.

– “Felices al combate” –

El Tigré está en crisis desde principios de noviembre, cuando el primer ministro Abiy Ahmed ordenó una operación militar contra la región, tras meses de tensión con el TPLF.

Abiy, Premio Nobel de la Paz en 2019, declaró la victoria a finales de noviembre después de que sus tropas entraran en Mekele, la capital regional. Los dirigentes del partido huyeron pero los enfrentamientos armados persisten.

En Gondar, en plena región amhara en el sur de Tigré, el conflicto reaviva el odio contra el TPLF, que dirigió el país durante casi tres décadas antes de la llegada al poder de Abiy en 2018.

Cuando los combates estallaron, Teshafun Mande dejó su pueblo para ir al frente y retomar las tierras reivindicadas por los amhara, la segunda etnia de Etiopía. Según ellos, el TPLF se apropió de estos territorios cuando tomó el control del país a principios de los años 1990.

“Estábamos muy felices yendo a los combates. Incluso los muertos se fueron con una sonrisa”, explica a la AFP Teshafun, que pasó toda la semana del Timkat empuñando su arma y cantando en honor a los combatientes amhara.

– Violencia étnica –

La ofensiva en Tigré no es la única preocupación de los fieles.

En una carrera, varios participantes llevaban carteles que pedían al gobierno “vigilar Metekel”, una zona en el oeste del país donde cientos de personas, muchos de ellos amhara, fallecieron en matanzas estos últimos meses.

El gobierno de Abiy no consigue poner fin a estos ataques ni a identificar a sus responsables. Muchos políticos amhara denuncian un intento para hacer huir a su etnia de la región y reclaman una intervención militar.

En plena procesión, cerca de un grupo de sacerdotes, Tegenu Guadie también espera que lleguen los refuerzos gubernamentales.

“La situación en Metekel es muy preocupante. La gente es expulsada de sus casas y la matan”, cuenta este estudiante de 26 años.

En este ambiente tenso, los sacerdotes intentan mantener el espíritu religioso del Timkat, a base de cantos litúrgicos e incienso.

Getenet Mekuant, un fiel de 24 años, aprecia estos esfuerzos para que la fiesta se centre “en la religión, no en la política”, mientras se sumerge en las aguas sagradas de las termas.

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Fuente: infobae